Las obras de recuperación empiezan a definir los muros y estancias de una fortaleza clave en el avance de Jaume I hacia Valencia y en los orígenes del Reino Valenciano.
El Castillo del Puig, una de las fortalezas más ligadas a los orígenes históricos del Reino de València, ha iniciado una nueva etapa con el comienzo de las obras de recuperación y puesta en valor del recinto. Los primeros trabajos se centran en el desbroce, la limpieza del entorno y la retirada de la primera capa de tierra para empezar a definir las antiguas estancias y los muros originales de un enclave que tuvo un papel decisivo en el avance de Jaume I hacia la ciudad de València.
La actuación supone un avance importante en el proceso de recuperación del patrimonio histórico y cultural de El Puig de Santa Maria. El objetivo es preservar y poner en valor uno de los elementos más emblemáticos del pasado del municipio, una fortaleza conocida también históricamente como Castillo de Cebolla, Castillo de Enesa o Castillo de Jaume I.
Los trabajos iniciales consisten en tareas de limpieza del entorno, desbroce y retirada controlada de tierra para comenzar a reconocer las estructuras del recinto. Al mismo tiempo, se está llevando a cabo el control de las cotas, un proceso técnico necesario para garantizar la precisión en la ejecución de la intervención y permitir que la recuperación avance con criterios arqueológicos y patrimoniales.
No se trata de un espacio cualquiera. El castillo se levanta en un punto estratégico sobre El Puig, dominando visualmente el entorno y vinculado a uno de los episodios más relevantes de la historia valenciana. Su posición permitía controlar el acceso norte a València, lo que explica su enorme valor militar durante la Edad Media y su papel en el avance cristiano hacia la capital.
La fortaleza que abrió el camino hacia Valencia
La importancia histórica del Castillo del Puig está directamente relacionada con la conquista de València por Jaume I. En 1237, el monarca tomó el enclave y lo convirtió en una posición clave para preparar el asalto definitivo a la ciudad. Desde este punto, las tropas cristianas consolidaron una base estratégica a las puertas de València, en un momento decisivo para el futuro del territorio valenciano.
El Puig fue escenario de la conocida como Batalla de Enesa o Batalla del Puig, un enfrentamiento que marcó un antes y un después en la campaña de conquista. La victoria cristiana en este entorno abrió el camino hacia la toma de València en 1238 y convirtió la fortaleza en un símbolo del cambio histórico que estaba a punto de transformar el territorio.
El castillo había tenido ya una larga trayectoria antes de ese episodio. En época islámica, la fortaleza protegía el acceso norte a la ciudad de València. Más tarde, fue vinculada también a la figura del Cid, que tomó y reconstruyó el enclave a finales del siglo XI, antes de que volviera a manos musulmanas. Su historia concentra, por tanto, varios siglos de disputas, reconstrucciones, destrucciones y usos militares.
Tras la conquista de 1237, Jaume I ordenó reforzar la fortificación para convertirla en un punto de apoyo en la ofensiva sobre València. Esa condición de pieza avanzada, situada entre la llanura, la costa y la capital, explica por qué el castillo ocupa un lugar tan relevante en la memoria histórica valenciana.
La intervención iniciada ahora busca precisamente devolver visibilidad a ese pasado. Las primeras labores de desbroce y limpieza han permitido despejar el recinto y facilitar la lectura de sus estructuras. La retirada de la primera capa de tierra ha servido para comenzar a definir las antiguas estancias y los muros originales, un paso fundamental para conocer mejor la configuración del castillo.
El control técnico de las cotas permitirá desarrollar los trabajos con precisión y evitar actuaciones improvisadas sobre un espacio patrimonial sensible. Este tipo de intervención resulta esencial en enclaves históricos donde cada muro, cada alineación y cada resto conservado puede aportar información sobre la evolución del recinto.
La recuperación del castillo supone también una oportunidad para reforzar el vínculo entre El Puig y su patrimonio. La fortaleza no es solo una ruina medieval, sino un lugar desde el que se puede explicar una parte esencial de la historia valenciana: la frontera, la conquista, la defensa de València y el nacimiento de un nuevo marco político, cultural y territorial tras la entrada de Jaume I.
Este tipo de trabajos ponen de relieve la importancia de intervenir en el patrimonio desde una visión técnica sensible, capaz de compatibilizar conservación, funcionalidad y respeto por el entorno. En Assistencia Técnica Global Enginyers SLP. valoramos especialmente haber podido participar en una actuación sobre un enclave tan emblemático como El Castillo del Puig, donde arquitectura, paisaje e identidad local forman un conjunto inseparable.
La Dirección de las Obras corre a cargo del Arqueólogo Miguel Vicente Gabarda.
Las obras las está realizando la empresa ARCOIBERICA, especializada en Gestión del Patrimonio Artístico y Cultural.
EQUIPO TÉCNICO ATG ENGINYERS SLP:
Sergio Casero Palomares (Ingeniero de Caminos, Cánales y Puertos, Máster Universitario en Prevención de Riesgos Laborales)
Raquel Rambla Moliner (Arquitecta técnica, Máster Universitario en Conservación de Patrimonio)
Adela Ferrando Ortiz (Doctora en Arquitectura, Máster Universitario en Conservación de Patrimonio)
Patricia Gallego Castillo (Arquitecta técnica)
Vanesa Señoret Molina (Doctora en Biología)
Sergio Alarcón Gual (Ingeniero Agrónomo)
Pablo Altaba Tena (Arquitecto técnico, Máster Universitario en Conservación de Patrimonio, Doctor en Arquitectura, Edificación, Urbanística y Paisaje)
Andrea Vilar Recatalá (Arquitecta)
Judit Badia Defez (Arquitecta técnica)
Enrique Marsal Mañes (Arquitecto)
















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